{"id":1446,"date":"2014-04-20T16:06:40","date_gmt":"2014-04-20T16:06:40","guid":{"rendered":"http:\/\/nextgensd.com\/?p=1446"},"modified":"2023-08-08T03:24:30","modified_gmt":"2023-08-08T03:24:30","slug":"genes-voladores-murcielagos-y-pitayos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nextgensd.com\/es\/genes-voladores-murcielagos-y-pitayos\/","title":{"rendered":"Genes voladores, murci\u00e9lagos y pitayos"},"content":{"rendered":"<p>Alberto B\u00farquez<br \/>\nRecuerdo mirar el Mar de Cort\u00e9s desde la \u00abMancha Blanca\u00bb, una playa al sur del Desemboque, el mayor asentamiento de los Comcaac en la costa del Golfo de California. Eso fue cuando yo era un ni\u00f1o al final de la d\u00e9cada de 1950. Recuerdo descubrir en cada expedici\u00f3n anual nuevas maravillas a lo largo de la costa. Recuerdo mirar hacia un mar lleno de vida hacia la isla de Patos y m\u00e1s lejos hacia la isla \u00c1ngel de la Guarda y la lejana costa de Baja California. Cuando digo lleno de vida, lo digo en serio. Totoabas tan grandes como una persona, card\u00famenes de tiburones martillo que patrullaban los arrecifes rocosos, marsopas que temprano por la ma\u00f1ana romp\u00edan graciosamente el espejo del mar. Recuerdo so\u00f1ar con los tesoros desconocidos de la tierra prometida casi deshabitada al otro lado del mar. Desde entonces, he estado en Baja California muchas veces. Cada vez, ha sido un viaje maravilloso y revelador, de fant\u00e1sticos paisajes, de plantas extra\u00f1as y en especial de maravillosas personas.<br \/>\nMi m\u00e1s reciente viaje a la pen\u00ednsula de Baja California (los estadounidenses, en su gusto por las abreviaturas la llaman \u00abBaja\u00bb) lo realic\u00e9 en una amable y grata compa\u00f1\u00eda: mis colegas la Dra. Souza y el Dr. Eguiarte, mi asistente la Dra. Bustamante, y mi joven estudiante Sebasti\u00e1n Arenas. Fuimos buscando poblaciones de pitayo (Stenocereus thurberi), un cactus de amplia dispersi\u00f3n en el Desierto Sonorense, con el prop\u00f3sito de medir la variaci\u00f3n al nivel poblacional, gen\u00e9tico, y morfol\u00f3gico.<br \/>\nNuestro viaje comenz\u00f3 en Hermosillo, la capital del estado de Sonora, siguiendo la autopista 15 hacia el puerto de Topolobampo. Ah\u00ed abordamos el ferry para cruzar el mar de Cort\u00e9s hacia La Paz, Baja California Sur. Una vez en la pen\u00ednsula, enfilamos hacia Sierra La Laguna en la regi\u00f3n de los Cabos. La Sierra es un macizo monta\u00f1oso en el extremo sur de la pen\u00ednsula. En su parte baja contiene comunidades aisladas de bosque tropical seco, mientras que en las elevaciones se desarrollan bosques de pinos y encinos. El \u00fanico pino presente en la Sierra La Laguna es una subespecie end\u00e9mica de pi\u00f1\u00f3n mexicano, Pinus cembroides subsp. lagunae. Cerca del Oc\u00e9ano Pac\u00edfico, al sur de Todos Santos, encontramos poblaciones del pitayo costero (Stenocereus littoralis) una peque\u00f1a cact\u00e1cea columnar estrechamente relacionada con el pitayo que crece en la costa no lejos del denso matorral espinoso de las estribaciones de la Sierra La Laguna.<br \/>\nNuestra expedici\u00f3n nos llev\u00f3 en un viaje de m\u00e1s de 1500 km a lo largo de la pen\u00ednsula. En los Cabos, al sur del Tr\u00f3pico de C\u00e1ncer (23\u00b0S), encontramos encantadores bosques de \u00abpalo blanco \u00bb (Lysiloma candida) con enhiestos troncos blancos. M\u00e1s al norte, aparecieron los \u00abcopalquines\u00bb (Pachycormus discolor), peque\u00f1os \u00e1rboles de troncos retorcidos que se aferran a las rojas rocas volc\u00e1nicas y destacan contra el azul del cielo. Cerca del paralelo 28\u00b0N, en la frontera divisoria entre los dos estados peninsulares (Baja California Sur y Baja California), aparecen cada vez en mayor n\u00famero los \u00abcirios\u00bb (Fouquieria columnaris); una especie end\u00e9mica del Desierto Sonorense con extra\u00f1a morfolog\u00eda. Finalmente, al norte del paralelo 30\u00b0N, en la regi\u00f3n m\u00e1s septentrional de nuestro viaje, aparecen las comunidades de plantas t\u00edpicas de clima mediterr\u00e1neo. El \u00abcard\u00f3n\u00bb (m\u00e1s correctamente llamado sag\u00fceso\u2014un tipo de card\u00f3n\u2014Pachycereus pringlei) y el pitayo estuvieron siempre presentes a lo largo de la traves\u00eda.<br \/>\nEn las muchas localidades que visitamos, trabajamos con las poblaciones del pitayo y medimos en cada individuo la altura y anchura, el n\u00famero de ramas, la longitud de las espinas, el n\u00famero y tama\u00f1o de las costillas\u2014los pliegues en forma de acorde\u00f3n caracter\u00edsticos de las cact\u00e1ceas columnares. Tambi\u00e9n tomamos una muestra de tejido para extraer el ADN y luego comparar la similitud gen\u00e9tica (o disimilitud) entre poblaciones. Nuestra hip\u00f3tesis de trabajo parti\u00f3 del razonamiento de que las poblaciones peninsulares m\u00e1s cercanas a la regi\u00f3n de las grandes islas del Golfo de California (Isla Tibur\u00f3n, San Esteban, Partida, etc.) resultar\u00edan m\u00e1s similares entre s\u00ed que las poblaciones m\u00e1s lejanas de estas islas \u00abtrampol\u00edn\u00bb que permiten el paso de plantas y animales desde tierra firme hacia la pen\u00ednsula (o viceversa). Asimismo, estas poblaciones, ser\u00edan m\u00e1s diferentes de aquellas localizadas hacia el sur o hacia el norte de esta regi\u00f3n.<br \/>\nEsta posible diferenciaci\u00f3n entre poblaciones puede darse gracias a los polinizadores y dispersores de semillas\u2014los murci\u00e9lagos magueyeros (Leptonycteris yerbabuenae)\u2014que realizan una compleja migraci\u00f3n que los conduce desde las monta\u00f1as de la Sierra Madre hacia las planicies des\u00e9rticas y a trav\u00e9s del golfo. Los murci\u00e9lagos acarrean polen y semillas direccionalmente entre poblaciones y dejan impresos patrones gen\u00e9ticos. A este proceso de movimiento de genes los bi\u00f3logos le llamamos \u201cflujo gen\u00e9tico\u201d. Nos permite reconstruir parte de la historia evolutiva de las especies y saber m\u00e1s acerca de las causas del parentesco entre poblaciones. La otra posible hip\u00f3tesis es que las poblaciones del pitayo se separaron hace 4 o 5 millones de a\u00f1os\u2014cuando se inici\u00f3 la apertura del Golfo de California\u2014y desde entonces han estado separados ambos linajes en un proceso que se conoce como vicarianza. La b\u00fasqueda de las barreras geogr\u00e1ficas y la evidencia de variaci\u00f3n morfol\u00f3gica nos llevaron a encendidas y divertidas discusiones que terminamos midiendo no en tiempo, sino en unidades de sitios y kil\u00f3metros recorridos.<br \/>\nCosas maravillosas ocurrieron durante nuestro viaje. Encontramos paisajes extraordinarios, fuimos testigos de marcadas transiciones de vegetaci\u00f3n, nos movimos desde poblaciones de pitayos cargadas de l\u00edquenes cerca de las costas fr\u00edas y ventosas del Oc\u00e9ano Pac\u00edfico hacia poblaciones secas y c\u00e1lidas cercanas al Mar de Cort\u00e9s. El descubrimiento y la efervescencia del debate acad\u00e9mico a la orilla de la carretera y el sentimiento de naturaleza sublime del paisaje virgen, resultaron tan importantes como los lugares que visitamos. Este viaje proporcionar\u00e1 material para un futuro recuento de nuestras aventuras y constituye la base del trabajo de investigaci\u00f3n cient\u00edfica donde sabremos que tanto vuelan los genes del pitayo en las alas de los murci\u00e9lagos que migran cada a\u00f1o a trav\u00e9s del Golfo de California.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto B\u00farquez Recuerdo mirar el Mar de Cort\u00e9s desde la \u00abMancha Blanca\u00bb, una playa al sur del Desemboque, el mayor asentamiento de los Comcaac en la costa del Golfo de California. Eso fue cuando yo era un ni\u00f1o al final de la d\u00e9cada de 1950. 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