Título: Retos entre la conservación natural y el patrimonio arqueológico en el Desierto de Sonora

Moderadores:  Elisa Villalpando y Júpiter Martínez (INAH); Carlos Figueroa (UABC)

Participantes:  Horacio González, Sula Vanderplank, Cathy M. Marlett, Eric García, Alejandra Gómez Valencia, Xavier López Medellín, Salvador Galindo Bect, Carmen Gutiérrez Uribe, Mike  Wilken-Robertson, Alan Hatcher, Tom Bowen, Carloyn O’Meara, Norma A. Meza

En esta sesión se reconoció el valor del patrimonio arqueológico de la región del desierto de Sonora, que es muestra de la continuidad cultural de los grupos costeros en la región en los últimos milenios, se destacaron los sitios arqueológicos tipo conchero, en los que es posible estudiar la historia del ambiente.

Se consideró que para estudiar de forma integral el Golfo de California es necesario construir la historia medioambiental con profundidad histórica en la que contemple al hombre como parte fundamental del ambiente. Se afirmó que al considerar al hombre solo como un factor antrópico del ambiente conduce a obtener una imagen incompleta del Desierto de Sonora; por lo tanto se recomendó impulsar la creación de proyectos multi-disciplinarios con financiamiento específico para resolver problemas en común y que tengan como uno de sus objetivos la conservación del patrimonio natural y cultural.

Discusión:

Se inició la sesión comentando sobre el avance que se ha presentado en las últimas décadas referente a la conservación del medio ambiente y sobre el desequilibrio que existe entre la conservación de áreas naturales y la conservación de los sitios arqueológicos, lo cual ocurre tanto en las áreas naturales protegidas como en los sitios mismos. Se hizo hincapié sobre un desafortunado ejemplo donde las mismas instancias de conservación natural han afectado sitios arqueológicos.

Se menciona que las Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA) no consideran  como obligatorio determinar el impacto cultura y no siempre toman en consideración la no afectación de sitios arqueológicos, lo cual aunque es una obligación  en México por la existencia de la Ley Federal sobre Monumentos y Sitios Arqueológicos Artísticos e Históricos previo a las intervenciones de obras de infraestructura pública, no siempre ocurre así. Se comenta que las MIA deberían de integrar una valoración de impacto arqueológico e histórico, ya que el hombre  también es parte del ambiente y de su historia de transformación.

Es necesario tomar en cuenta a los grupos humanos en los estudios de conservación del medio ambiente ya que son parte fundamental de la construcción del paisaje. Se puso de ejemplo el caso de los estudios de transformación del paisaje mediante la investigación del tipo de vegetación presente en los sitios arqueológicos conocidos como concheros.

Se consideró que se requiere de estudios trans-disciplinarios con una visión a largo plazo que incluya la visión de medio ambiente y la presencia de los grupos humanos en el pasado.

Se expone que uno de los problemas existentes en la actualidad relacionado con la conservación tanto del medio ambiente como de los recursos culturales en la Baja California, es la construcción de casas-habitación dispersas a lo largo de la costa, a más de los desarrollos de conjuntos inmobiliarios.  Se menciona que se ha hecho la propuesta de elaborar un registro detallado de los sitios arqueológicos, lo cual estaría disponible en un mapa único y que para la emisión de permisos de construcción debería ser necesario llevar a cabo una verificación previa por parte del INAH para dictaminar si es procedente el permiso de construcción, pero esto no sucede así.

Se menciona que es fundamental construir la historia medioambiental  del Golfo de California, lo cual se puede lograr investigando los sitios arqueológicos de la zona.

Surge la pregunta: ¿De qué manera podemos involucrar a las comunidades o grupos locales que trabajan la conservación natural en la conservación del patrimonio arqueológico?  Se menciona que el establecimiento de museos comunitarios es una opción para resguardar el material arqueológico. Sin embargo, esto requiere del interés y seguimiento por parte de las mismas comunidades, no puede ser algo que se imponga. También se enfatiza en la necesidad del registro legal de las colecciones arqueológicas que se exhiban en dichos museos.

Se expone el caso de la ruta de la sal que ha retomado la Nación O’odham, que tiene identificado un sitio arqueológico en una gran duna como sitio sagrado. Se informa que esta solicitud ha sido atendida por el Centro INAH Sonora, pero solo como inspección preliminar ya que no existe un proyecto específico para su estudio. Se sabe que el área será donada por el ejido, pero se pregunta:¿Cómo deberían de ser los procedimientos para hacer una conservación integral del sitio?  La discusión se orienta hacia la necesidad de generar grupos multi-disciplinarios de científicos que aborden la conservación de estas zonas desde distintas perspectivas.

Se hace énfasis en que es necesario que se reconozca el valor del patrimonio arqueológico de la región del Desierto Sonorense, ya que representa la continuidad cultural de los grupos humanos con una presencia que se cuenta por milenios. Asimismo se declara que estas evidencias arqueológicas son tan valiosas como cualquier otra del país.

Se expone la premisa de que los sitios arqueológicos tipo concheros son un recurso científico valioso relacionado con la investigación de la historia ambiental  del Golfo de California, presentando como otro ejemplo el caso del análisis de los otolitos que permiten establecer las variaciones de temperatura del océano a través del tiempo;  otra opción es el estudio del aprovechamiento histórico de los  recursos marítimos de las costas, de peces y moluscos, o los análisis isotópicos  de los restos óseos humanos, o medir los niveles de CO2 en las conchas que  pueden evidenciar cambios climáticos.

Un problema observado es que los antropólogos y arqueólogos tienen interés en la participación de los biólogos, ecólogos, botánicos y demás especialistas afines en proyectos conjuntos, mientras que los científicos de las ciencias naturales se encuentran con paradigmas que no necesariamente requieren de la valoración del factor humano, siendo complejo analizar sus objetos de estudio tomando en  consideración la presencia de los seres humanos desde tiempos muy remotos.

Existen casos exitosos de trans-disciplina como los trabajos realizados entre arqueólogos y geólogos. Se menciona la necesidad de promover la participación de antropólogos en las gestorías ambientales para tratar de incidir en la visión de que el hombre también es parte del ambiente. Se enfatiza que la minería es un factor de destrucción ambiental y arqueológica de alto impacto hoy en día, por lo que la legislación de protección del medio ambiente debería contemplar  también el impacto en lo cultural.

Se concluye que los proyectos multidisciplinarios deben de integrar ideas con un enfoque común así como gestionar de manera integral los fondos económicos. El uso de redes de investigación trans-disciplinarias puede solventar el problema de falta de comunicación.

Se recomienda el estudio multi-disciplinario de alguna sección del Golfo de California con el objetivo de la conservación del patrimonio natural y cultural.