Stephen A. Marlett

En el otoño de 2013 y la primavera de 2014 mi esposa Cathy y yo pasamos unos cuatro meses en el pueblo de Desemboque. Durante esas semanas yo estuve enseñando a un grupo de estudiantes (unos 15 en total, la mayoría de unos 20 años) a que se videograbaran a sí mismos entrevistando a los miembros de mayor edad de la comunidad (en el idioma seri) sobre diversos temas, centrándose en los recursos marinos tradicionales, especialmente los alimentos (en parte motivado por el hecho que la publicación del libro de Cathy, Shells on a Desert Shore: Mollusks in the Seri World, nos indicaba cosas interesantes para investigar). Como parte del proyecto, estos jóvenes también asistieron a clases diarias para aprender a leer y escribir su idioma, así como para aprender acerca de la gramática en términos explícitos. Ellos tuvieron un progreso increíble durante esas semanas, y pasaron un buen tiempo haciéndolo. La experiencia demostró a todos que (a) los estudiantes eran inteligentes, (b) la lengua puede ser leída y escrita por todos, con un poco de entrenamiento, (c) hay más por hacer con el fin de mantener la práctica y para ser aún más competentes, y (d) tienen mucho que aprender de las personas mayores. Hicimos un pequeño libro sobre moluscos (en el género de los libros de René Montaño de adivinanzas, como el de aves y el de lagartijas, accesibles en http://lengamer.org/asoc/language.php?language=seri), y escribimos una serie de ensayos sobre moluscos en base a las entrevistas que los estudiantes habían llevado a cabo (cerca de 40 horas en total), que serán publicados este año en un calendario con fotos. Acerca de esos ensayos—los estudiantes los escribieron, los leyeron, los revisaron, los editaron, los re-editaron, etc., por lo general como un grupo o un pequeño comité. Fue grandioso ver que esto sucediera. (Y sí que tomó algún tiempo.)

Las personas mayores de la comunidad participaron de buena gana con este proyecto. Creo que se dan cuenta de cuánta información no se está pasando muy bien, y ésta es una oportunidad de hacer algo por los jóvenes. En este contexto, la persona más joven estaba mostrando interés y hacía las grabaciones para ellos y para las generaciones futuras. Los jóvenes, que realizaron muy bien todo esto, también se dieron cuenta de lo mucho que no sabían de estas cosas; su curiosidad y su confianza crecieron a medida que aprendían los nombres de las cosas, los temas explorados, etc. Por supuesto, la información simplemente fluyó, ya que los ancianos hablaban en su lengua a personas de su misma cultura y que podían hacer buenas preguntas.

Los extranjeros no se dan cuenta de lo difícil que es escribir una lengua que tiene poca tradición escrita y que (para efectos prácticos) que no se enseña en las escuelas ni en otros lugares. La experiencia de este proyecto hasta el momento (que continuará a finales de este año en Punta Chueca) muestra que los jóvenes pueden hacer cosas brillantes cuando se les da la oportunidad y el contexto adecuado. Esperamos que la formación que han recibido será debidamente aprovechada por otros investigadores. (Debemos preparar una lista de los que están en camino de convertirse en la próxima generación de investigadores y escritores.)